Hace años, cuando publiqué mi primer libro, El lenguaje de la gravedad (Ruleta Rusa Ediciones) estaba al mismo tiempo acabando con un montón de complejos conmigo misma, la contradicción de no quiero exponerme y deseo hacer arte y mostrarme, deseo saber quién soy, permitirme volver a ser la niña que inventaba juegos, hacía teatro y sus propios periódicos y regalaba cuentos solo por ver la sonrisa de la gente.

Hace años me detenía la policía anti fraude cada dos por tres. ( Referencia a Amanda Palmer, leerla, no lo voy a explicar) y yo tenía un pseudónimo, una foto de espaldas y complejos y complejos, miedo a que se me valorase por mi físico, miedo a que me dijeran que soy una creída, miedo a que se me tratase como en una discoteca, miedo a los hombres, miedo a mis curvas, miedo a la opinión ajena.

23 añitos o 24, ya no lo recuerdo. Y entonces (la verdad que no estoy muy cambiada pero por dentro sí) Enrique Rollán me hizo estas fotos como Boadicea, mi alter ego, que nunca para mí fue un personaje, solamente mi parte fuerte, guerrera, valiente y mi obsesión por la justicia que quienes me conocen de verdad, saben que llevo a rajatabla.

Estaba rompiendo muchas barreras y algunas personas me decían que era el momento de soltar complejos y culpabilidad y decir: Aquí estoy, que vengan las críticas. Soy mujer y llevo toda la vida fabricando mi escudo. Venga, de una en una.

Se me planteó poner esta foto como portada de mi primer libro. Incluso hubo gente que me instigaba a aprovechar mi físico y otra que me criticaba si me planteaba mostralo. Con tanto ruido en la cabeza y tantos consejos de amantísimos mentores-dementores era muy complicado pensar y la cabeza me daba más vueltas que en una montaña rusa. Y cómo encima yo soy de dar pocas vueltas…me río. Me da la risa, en serio. Ahora me río mucho. Qué cosas. Parecen mil años ya.

Yo era una chiquilla todavía pero no lo sabía, creía que sabía mucho, claro, como ahora lo creo y pensé, que estaría bien, que ya estaba bien lo de callarme, esconderme, afligirme por envidias, muchas de amigos también, cuando les dije que iba a salir mi primer libro.

Y es duro, porque ahí te das cuenta de quién te quiere de verdad y quién no. A mucha gente no le hizo gracia que publicara tan joven y mi libro tiene muchos errores de juventud pero sigo estando orgullosa de él,ni es intensito, ni un libro de frases, muy al contrario. Ya me gustaría ver lo que escribían algunos a mi edad en ese momento. Es un libro profundo y no es que yo lo diga,me di al máximo y ahí está para quién quiera cotillear, con poemas de los 18 hasta los 24. En muchos de ellos buscando a Dios, porque siempre he sido muy mística y me dan alergia los curas y me ponen las diosas, sobre todo las que dicen que no lo son, La Venus de Willendorf que habita en todas.

Y así, como os decía, se me propuso esta foto en la portada.

Y le dije a Enrique que me añadiera una cicatriz en la cara y lobos alrededor, muchos lobos. Así me sentía. Pero luego quedó un poco ridículo aunque al mismo tiempo me gustaba, ya sabéis esa mezcla y la jodida autocrítica. Ese placer culpable cuando algo es un poco hortera pero Beyoncé lo hace y te representa.

Mi editor Roberto Menendez, al que adoro, me dijo que no me tomarían en serio (Roberto sabe de la mierda a la que nos enfrentamos las mujeres cada día y quería que sobre todo se me leyera) y que las fotos iban en la solapa y estoy completamente agradecida porque mi deseo de mostrarme y romper miedos no tenía nada que ver con el contenido del libro. Era una lucha personal, que iba a ponerse por encima de mis letras.

Y entonces Masles Roy hizo una portada preciosa que representaba mi interior y no mi exterior. Sin decirnos nada, comprendió todo.

Me sorprende que las mujeres sigamos sin poder decir que a veces nos sentimos guapas sin culpabilidad. Como dice Iliza, tenemos a una generación de jóvenes preciosas mostrando su cuerpo y sintiéndose mal por ello y poniendo frases que no tienen nada que ver para justificarlo. No hace falta que justifiques que te ves bien pues sabes que eso no es siempre y que es duro aceptarse y no es todo tan bonito como parece. La vida es corta y no siempre te vas a ver tan bien como ahora, yo ahora lo sé y me muestro, ya más como canal que lo que a mí me duele.

Cuento esta historia para todas esas chicas que os estáis mostrando en portadas de vuestros libros, está bien, está estupendo pero el mundo os juzgará por ello y aquí tenéis a una que conoce el motivo, que estuvo a punto de hacerlo pero los libros son más que nosotras, son canales y sé que muy pronto lo entenderéis.

No se olvida nunca el primer libro y les deseo lo mejor a todas las que estáis publicando por primera vez o vais a hacerlo. Creo mucho en vosotras. En que somos más que musas, que los cuerpos, que el maquillaje, que los miedos. Que todo. Somos lo más fuerte de este mundo. Sí, somos el sexo fuerte. No me avergüenzo de pensarlo. Eso no me hará tratar mal a nadie, al contrario. Ya no busco estar de acuerdo, busco intentar hacer un mundo más bello y seguro para las niñas.

Cada vez que una de vosotras sonríe a cámara, muestra su cuerpo, sus pechos, su ombligo, su rodilla, su antebrazo, cualquier cosa de ella que le guste y a la mierda la edad, que allí están ellos como si fueran Dorian Grey. Cada vez que esto pasa, mi duendecilla interior da saltos de alegría, superlike, me encanta. Este mundo nos odia, vamos a querernos nosotras, basta ya, no saldremos nunca en la Cosmopolitan, vamos a querernos nosotras.

Felicidades a las que empezáis y a las que os mantenéis. Seréis juzgadas, seguro, y en el pasillo camino al juicio, nos abrazaremos y haremos ejército. #nosomosmusas

.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *