Todo es inhabitable ahora mismo,

las cavernícolas formas de vivir

son toda una aventura,

la sed toda advertencia para ponerme de pie

y seguramente mi ombligo crezca como una rosa fresca

y se marchite sin que nadie logre ver la importancia

de tu ausencia.

En este punto del terreno enterré la pulsera

que de niña siempre soñaba perder y encontrar.

Aquí me siento a remendar a los anónimos,

compongo ojos en caras en descomposición

dando paso a mi propia ceguera.

La manzana podrida cae en mi cabeza

desde el árbol más fiel

para recordarme que la verdad no escapa

a la certeza que tienen algunas mentiras.

Me desdoblo en los otros porque mi existencia es una pirámide.

Me he llevado a ver mundo en nuestra habitación,

todas las dudas, toda la rabia, todos los celos y el odio

entrando en mí cuando tu carne me perforaba sin sentido

y me atravesabas cual flecha dejándome el recuerdo de la sangre

en las sábanas deshechas.

Siempre quise que fueras mi última estación,

Siempre es uno de mis malditos mandamientos cuando quiero.

No sabes que me estoy despidiendo en una lista de la compra,

hace mucho que no pido que sumes a mi composición

unas manchas de pintura que descifren los enigmas.

Ya no lucho. El vacío es tal que soy el eco del mismo.

No alcanzo a contener mi ruptura,

no la nuestra.

No alcanzo a ser la amante pálida

que busca otro retrato donde quedarse a hacer castañas

y a enmudecer los pliegues del abismo.

Soy un nenúfar.

Me maldigo porque en las entregas a tu ser he sido inexacta.

Agoté todas las buenas cosechas en tus labios

y como consecuencia

todas y cada una de mis vacas flacas se ríen de mí.

Me arrancaste a tiras la identidad

y ahora hablo en el idioma de los desheredados

sin posada familiar, dos veces la caída al barro

de los cojos, el idioma de los hijos de Caín,

mi único testamento tras tanto maremoto.

No voy a hacer más nidos.

Más colmenas vacías donde me crea la reina madre del agujero.

No tengo más plumas con las que sobrecogerte.

Nómada y nenúfar,

solo floto.

Quería pan y chimenea como altar

pan que partir como manos que aplauden,

pan con chocolate para remendar la infancia,

pan tan duro como el mármol en una bolsa de plástico,

pan como ilusión del sabor compartido.

La protección de las migas invisibles en el camino.

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