No existen personas capaces de limpiarte la sangre ni el karma, capaces de quitarte las malas energías ni el San Benito que supuestamente llevas y por el que te sale todo mal.

La bondad no se cobra. Si alguien te ayuda hechizo en mano, hierbas, agua, música ancestral y te está pidiendo a cambio monedas, no te está ayudando sino que se está aprovechando de tu debilidad y de tu necesidad de dejar caer la responsabilidad de tu vida en un sanador ajeno a ti. No existe cosa más ruin que buscar ojos rotos para simular pegarlos después y construir clientes del dolor.

Si hay que echar las cartas se echan gratis, bajo una buena copa o té caliente que es como a mí me han enseñado las buenas meigas. Nunca vi a mi favorita cobrar por ello o por ser guía que deshacía los vasos colmados.

Vomito sobre este espantapájaros new age que se cree dueño de un huerto milenario. Van como monjas y curas a decirles a los demás qué hacer con sus vidas, haciendo un refrito que ni Constantino, hablando de magia en vano, con las manos repletas de anillos y cachibaches inservibles para liberar dopamina o opioides.

Eres tú la fuerza y la luz. Ya decía Joe Hanson, de It’s Okay To Be Smart, “La eficacia del placebo se encuentra relacionada con nuestra percepción sobre lo sofisticado que es un tratamiento. Es salvaje –una cosa que no tiene un valor terapéutico puede funcionar mejor que aquella otra con valor terapéutico»

Porque nuestro cuerpo es sabio y en ti están las respuestas. No dejes que los buitres te las machaquen y ofrezcan en bandeja de plata. Y si alguien te coge la mano desde la transcendencia, que no sea por dinero.

Ya advirtieron los asesinos de mujeres y seres libres, que vendrían falsos profetas en el Apocalipsis, que hablarían de posibles guerras y que sus prodigios parecerían tan reales que serían alabados. Atiendo solo a esta advertencia del libro manchado porque el que se alimenta de la oscuridad lleva mil máscaras. Los falsos profetas se nutren de la oscuridad ajena, van a la caza de desdicha y hoy estarán rondando a los huérfanos o a los padres que ya no pueden llevarse la piel del hijo a la boca.

Anda y que os jodan. Y os lo digo desde la luz, que me caí en una marmita de pequeña.

La bondad no se cobra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *