Para mí, la poesía tiene que ser contestataria contra la injusticia. No ponerse de rodillas ante la corrupción, premios pactados, festivales que se le dan a amigos, editoriales que solo publican a influencers. Para mí, la poesía tiene un compromiso con la realidad y con romper una historia de silencio. Al igual que yo misma pensé que era fascinante y pequé de ingenua, tampoco me dejaron ver mis privilegios, que hace unos años empezasen en Inditex con la moda de las camisetas feministas y parecía algo bueno pero no, me sucede lo mismo con iniciativas en El Corte Inglés, empresa que explota a sus trabajadores y que hace su ropa con manos esclavas, que si gastase lo mismo en paliar su vergüenza que en publicidad y en lavarse la cara, otro gallo cantaría. Me resulta extremadamente decepcionante, que vayamos de punks, de personas de izquierdas, blablabla y no estamos hablando de tener cosas buenas, que todos las queremos sino de plegarse al sistema y a lo injusto, de ir de lo que no somos, de ofrecerse en bandeja a la empresa que enferma a las personas que trabajan para ella, los informes están ahí, no me lo invento yo. Además, tengo personas cercanas que han sufrido sus políticas empresariales. ME DA VERGÜENZA. Me pone muy triste que las dos cosas que más amo, la poesía y el feminismo, estén vendidas al capital más sucio de este país. Me pone muy triste que solo interesen las personas que se ponen de rodillas ante el poder, venga de Visor o de cualquier otra persona que les pueda dar algo. ¿Y dónde está el corazón, POETAS? ¿Por qué tenemos un montón de actos donde solo cobran los organizadores? ¿Por qué vamos de seres sensibles cuando lo único que parece importar es salvar nuestro culo y dejar intacto nuestro ego? YO NO ESCRIBO PARA ESTO. Estoy en el prostíbulo poético y curiosamente, aunque os distraiga el nombre, es lo más puro que encuentro, un espectáculo en comunidad donde se sana con la palabra y que no está vendiéndose a ninguna mafia, pero claro muchos tenemos los prejuicios cuando no hay un marketing de millones, puliendo los cristales. Me gusta la gente que escribe, no para subirse a ningún carro, que escribe lo que realmente tiene dentro, que escribe con todas las consecuencias y que es valiente. Con su ejemplo, hoy lo soy yo y creo muy necesaria la poesía social, pero para mí no tiene ningún sentido si la enmarcas en mierda o la envuelves en celofán.

¿Estamos aquí para besarles los pies a los explotadores, a los machistas? ¿Para eso escribimos? ¿Tenemos que seguir calladas las personas que hemos sufrido agresiones de estos supuestos seres sensibles? Yo no me voy a callar, porque para eso, sí, escribo, para luchar contra lo injusto y qué curioso que todos los poetas y las poetas que hoy se citan con orgullo, por parte seguro que también de políticos, MURIERON EN LA MISERIA, ASESINADOS O INVISIBILIZADOS. Pero la historia se repite y como tenemos miedo a su repetición, nos ponemos a decirle que sí a todo lo que pueda ser un trampolín, vendiendo nuestra alma.

¿MERECE LA PENA? ¿MERECE LA PENA NO RECONOCERSE? ¿Quiénes viven de esto? Yo también quiero vivir de lo que escribo, pero os digo una cosa y estoy convencida, aunque se me pueda ir la vida en la demostración, se puede hacer sin darle nuestro poco o mucho talento, a los hombres grises. Nos necesitan mucho más que nosotros a ellos. No son nadie sin los poetas y no son nadie sin el público. ¿Por qué no juntarse para unir fuerzas y hacer acciones de limpieza, en lugares que no estén manchados, gastando el mismo esfuerzo en crear algo realmente bueno? No estoy hablando solo de calidad. No les necesitamos y mucho menos, los que tienen seguidores.

¿Dónde está nuestro espíritu de comunidad? ¿Y la ideología que “supuestamente” tenemos? ¿Nos gustan los otros poetas o solo nuestros amigxs o los que tienen para darnos un hueco en su tablero de ajedrez? ¿Tratamos a todos por igual? ¿Van a seguir comprándonos por el miedo que tenemos al olvido?

Porque ser poeta es serlo con todo, no solo cuando escribes o cuando te aplauden, cuando algo te duele, cada segundo del día, sin poder desconectar de ello, con todas las consecuencias, porque es lo que nos diferencia de las máquinas, de los intereses del mercado, porque nuestras acciones tienen que ser para parar los monstruos y no para alimentarlos. No nos quisiera ver arrodillados porque somos la resistencia y la esperanza. Especialmente los y las que continúan, porque realmente lo aman, con constancia, aún no comiéndose una mierda. ¿Cuántos de los que están arriba lo hubieran dejado? A esa gente no le gusta la poesía, les gusta la poesía que da dinero y en cuanto esa vaca deje de dar leche, serán los primeros en dar una patada a los poetas.

Jamás consideraré la literatura un negocio de carne fresca o rentable, es un oficio y merece un pago digno por ello, sin embargo recordemos nuestra posición de productor sin medios de producción, últimos eslabones de la cadena pero con la voz pura de los niños. Somos los artesanos, nos necesitan, nos necesitan ellos. Seamos listos, más que su ambición oscura y hagamos esto, bien.

A vosotras y vosotros sí, feliz día de la poesía, desde esta tristeza, esta rabia y estas ganas de cambio, cambio con mayúsculas, sin banderas adheridas a su significado.

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