De vez en cuando sueño que la muerte no mata solo una vez y las personas que ya no están y son importantes para mí, están vivas. Es un sueño tortuoso y agridulce. Pueden suceder varias cosas, la primera, que me llene de alegría y me despierte triste. Es relativamente light en cuanto a dolor, porque he podido ver a la persona, he podido comunicarme con ella y es un sueño que ya tengo bastante clasificado e identificado. Es uno de los juegos de mi subconsciente para darme alas o hacerme daño, según el momento.

O bien que el sueño que he creado no me convenza y sepa que es un sueño e intente aprovecharlo mientras esté dentro de él: Decirle a la persona lo que no pude decirle, escucharla por si es una señal, pero sabiendo que aún siendo producto de mi cabeza, es el único lugar donde volveré a verla, con una sensación, con una viveza, no de espectadora como en una foto o vídeo, todo lo contrario, compartiendo el mismo plano y aferrándome a este estado, juntas, como un último hogar. Lo más curioso es justo eso, cómo mi mente construye un relato para hacerme creer que no murió, que fue un error, que no me di cuenta, que huyó, hay muchas posibilidades y se hilan, de manera nada absurda, para que yo me crea. Pero a veces la esperanza no puede contra la lógica, por mucho que estén luchando conmigo como escenario y descubro todo el telón por un detalle, un simple detalle puede hacer que toda la función de falsa felicidad estalle.

En este caso el duelo está siendo un calvario. En el sueño ella está viva y son sus últimos momentos. Es consciente de que se muere. Se ha teñido el pelo negro azabache y ha ido a la peluquería. Quiere morir guapa. Por fin, después de siglos cuidando a los otros y dejándose, en mi sueño se tiñe las canas, cosa que en la vida real no sucedió.

Le digo que está guapísima y lloro porque lo haga ahora, lloro porque esté pensando en ella misma justo cuando ya se va a ir. Intento ser fuerte para que no me vea destrozada ya que soy consciente que el objetivo de acicalarse era ese, que a nosotros nos parezca más amable la partida, para que no nos encontremos con un cadáver. Así que ni de este modo, pensaba en ella, piensan las mujeres en ellas. Todo es una performance para que los demás sufran menos, con ella, como canal.

Cuando he masticado todo esto es cuando la veo irse poco a poco, la veo morir. El cuerpo se va desvaneciendo, pesando menos y el desvanecimiento es bastante visual y casi, onírico. Las piernas alzadas, como retorciéndose, van cayendo y se terminan desplomando sobre la cama, se hacen casi transparentes. Ese es el fin. La llevamos en una camilla y vuelvo a asistir otra vez a todo el proceso: Velatorio, entierro. Y a llorar y a llorar.

Al menos me despido. ¿Pero qué sentido tiene esta pesadilla haciéndome revivir otra vez el momento para nada? Y es que mis sueños, por mucho que sean sueños, siempre están para decirme algo, los respeto, son mi mayor fuente diaria. Y sin embargo, en este, no podía hablarla, solo era volver a repetir lo mismo otra vez más. El trauma cíclico. Las secuelas del estrés posttraumático, imagino. Qué duro tenerla un rato más para que se me fuera y saber que era mentira y que algo me iba a despertar del todo. La experiencia es como estar dentro de una catástrofe, de la que no puedes escapar. Y asistes al crepúsculo. Los muebles, las vigas de la casa, todo cae.

Ahora tengo el estómago ardiendo. No sé dónde estoy y no sé si quiero estar.

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