Sin desmerecer las otras injusticias del mundo, ojalá tuvierais la misma sensibilidad con las mujeres que la que queréis mostrar con otras cosas. Ojalá se escuchase de la misma forma a la víctima que ha pedido ayuda y está cerca, que los ecos de catástrofes lejanas que nos afectan a todos. Siento pena de los corazones que se encogen cuando no les cuesta esfuerzo real hacerlo, cuando no tienen que renunciar a nada, cuando es algo cómodo y no exige apenas cuestionamiento ni salir de la zona de confort. Siento tanta pena como cuando veo a los curas recoger dinero para los pobres pasando el cestillo, pero luego su iphone, su crítica a la madre soltera, todas sus riquezas y joyas, mientras mira hacia otro lado, mientras intenta forzar matrimonios ya acabados.

Supongo que él creerá que está haciendo lo correcto. Lo he visto otras veces, esos grises. El primer monstruo que conocí, después de darme una paliza daba dinero al pobre de la esquina y yo lo veía. Otras veces le compraba un paquete de galletas.

Ojalá algún día dejemos de ser las últimas de la fila, que importan según su nombre, según quiénes sean, según qué tengan, pero nunca por seres humanos, por personas.

Una vez un hombre sabio dijo que los últimos serían los primeros. Yo creo que los que realmente son los últimos no tienen ningún interés en ser los primeros, que se conforman con haber cruzado la línea que lleva a una cabaña digna, a una vida en paz. Quizá porque saben que ambos extremos solo llevan a una absurda ceguera y que aquella máxima solo sonaba a venganza, disfrazada de consuelo. Quien ama desde la invisibilidad no necesita aferrarse a la materia, aprendió a vibrar más alto.

No sé qué pasará con el reino de los cielos, pero prefiero intentar hacer el cielo en la tierra. No creo en absoluto que sea mejor que los que ponen el foco donde toca ponerlo, tan solo intento fijarme en donde casi nadie lo pone, a veces por una responsabilidad por el equilibrio, autoimpuesta y un poco ridícula y seguramente para limpiar el ego, de la misma forma que los otros o bien, alimentar el sí mismo. No niego estar igual de contaminada, ni conseguir escapar de las letras luminosas todas las veces que quiero.

Hay una cosa que medio explica mi tendencia por equilibrar la balanza, en ocasiones excesiva diplomacia, a pesar de tener un carácter fuerte. Cuando era niña, en las filas que se formaban para sentarte en las rodillas de los hombres que decían ser reyes magos, yo me fijaba en la fila más vacía y me situaba en ella, no porque fuera mi rey favorito, sino porque sabía que así equilibraba. Aunque en ese momento no supiese bien qué era armonizar o una balanza.

Eran los 90, fuera de la capital. La fila que llevaba a las rodillas del rey Baltasar, un hombre con la cara pintada en la mayor parte de los casos, estaba casi desértica. Los niños huían de lo diferente. Melchor se los llevaba de calle, casi todos los niños y niñas gritaban su nombre. El racismo estaba ahí, se podía palpar claramente.

Y allí estaba Baltasar, un hombre al que le pagarían por disfrazarse o sería voluntario y al que seguramente no le importase realmente cuántos niños atendía. Yo entendía que mi lugar estaba con él y en las conversaciones entre niñas, a la pregunta de cuál es tu rey favorito, después de escuchar con atención como se repetía sin cesar el nombre de Melchor o Gaspar, yo respondía ante las risas, sorpresa y mi posterior humillación, con un valor kamikaze, aunque tuviese miedo: Baltasar, Baltasar, Baltasar.

Lo de llevar a gala ser una outsider imagino que era esto. En la adolescencia también empecé a decir algo muy gracioso, sin vergüenza ni orgullo: Yo no leo bestsellers.

Muy probablemente por esto también, aunque no tenga nada que ver, o quizá sí, mi primer documental va a ser de un hombre que no hubiese querido ninguna película y que siempre evitaba ser el centro de las fotos. Leopoldo de Luis, aquí estoy, intentando mover la cortina y que seamos también nosotras las que podamos decir: Acción. Y sobre todo, se nos permita gritar, con todo nuestro cuerpo, incluso en silencio: Corten.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *